miércoles, 6 de octubre de 2010

La Ciudad Y Las Humanidades

9 meses después del ataque musulmán a los Estados Unidos, me tocó realizar mi primer viaje a la ciudad de Nueva York. Nuestro viaje con 2 amigos no tenía ningún fin morboso, solo fue coincidencia que tuviéramos que estar allí en esa época. Si se trata de hablar de ciudades Nueva York es el sinónimo perfecto de un estereotipo urbano, pues confluyen en su estructura todos los elementos que a nuestro entender son parte constitutiva de una ciudad: población, arquitectura, tradición, historia común, poder político y económico, diversidad, en el caso de NY, diversidad étnica y todas las particularidades que encontramos en esa inmensa isla, que le da también el carácter de identidad geográfica, pues al igual que muchas ciudades medioevales, surge en un espacio físico aislado.

No he viajado mucho en comparación con esa minoría de chilenos cosmopolitas, pero lo suficiente para tener elementos de referencia, que me permiten hacer un análisis con cierto grado de valides al tema que nos atañe. Por otra parte, mi imaginación ha sobrevolado por muchos años paisajes urbanos y rurales de distintas épocas amparadas en mi formación histórica.

Recuerdo con mucha lucidez, incluso poseo una fotografía, la imagen de la ventana de mi habitación de un pequeño hotel para bussinesman ubicado en la 2ª con la 42º. Era como la trastienda de la gran ciudad, de la roma moderna como se la define a la Gran Manzana  o NY por algunos historiadores de nuestra época presente. Era un patio cerrado por los edificios, donde se veían las escaleras de incendio de los edificios en las cuales, en especies de balcones que colgaban de ellas, los habitantes de esa trastienda habían tapizado el piso con alfombras pláticas verdes, de esas que se usan en las canchas de fútbol, con quitasoles abiertos y muchas plantas, se veían gatos obesos descansando en las hamacas o muebles de terraza que adornaban tales oasis urbanos. Era tal vez el mayor rasgo, a mi juicio, que en ese momento me revelaba algún grado de humanidad de los habitantes de la roma del siglo XXI.

En mi búsqueda de esa Humanidad escondida detrás de los rascacielos y particularmente de esa indiferencia neoyorquina, la defino así, pues representa una singularidad propia de los habitantes de esa ciudad y que es aún mas gruesa que el concretos de los monumentales edificios que la visten, se nos va revelando a mi y mis aventureros amigos, una visión de mundo totalmente opuesta a la que los latinoamericanos reconocemos en nuestras culturas y es allí donde nace esta narración, en la búsqueda de la humanidad urbana de este espacio del mundo. Miguel León-Portilla  define Las humanidades: ¿Qué son las humanidades? No es fácil responder a esta pregunta. A riesgo de equivocarme, me atreveré a decir que las humanidades están integradas por aquellas ramas del conocimiento, incluyendo el sensible, que más íntimamente se relacionan con los seres humanos. Las humanidades comprenden el saber acerca de lo que hemos sido, o sea la historia y en cierto modo también la arqueología y la prehistoria. La trayectoria íntegra de los seres humanos sobre la Tierra es el gran marco espacio-temporal de las humanidades. Por eso, ellas, en cuanto ramas del saber, no conocen otros límites.

Resulta complejo entonces, la búsqueda de esta humanidad "sensible" dentro de aquel espacio donde confluyen cientos de culturas que se amalgaman en una forma de vida o way life, donde practicamente es irreconocible y a veces pienso, imposible de hallar. En un viaje a Cuba y otro a Panamá me ocurrió el fenómeno absolutamente opuesto. La constatación de los signos de humanidad de sus gentes estaba presente en cada uno de ellos, era parte del aura colectivo por decirlo de alguna manera. No representa lo mismo para viajeros como nosotros un Negro o un Hispano enTimes Squire, que en el Malecón o la Ciudad Antigua de Panamá. Entonces, la pregunta que surge y nos hace reflexionar y pensar es:por qué un espacio físico puede transformar a una persona en alguien tan distinto,  que determina la presencia de una humanidad trastocada entre los laberintos de concreto de una metrópolis? Obviamente que la respuesta no es el espacio físico, no tendría sentido, ni tampoco las personas, pues estos habitantes, en una tremenda proporción son alóctonos de esa comunidad.

Manejar un auto, salir los fines de semana, tener un perro, ojala mas de un hijo son cosas naturales y tal vez, deseos comunes de cualquier persona y representan muchas veces, logros propios de haber alcanzado la felicidad. Metas tan particulares para cualquiera de nosotros, alcanzarlas en esa isla de cemento es casi una quimera. Una ciudad donde el parking por hora es inconcebible, con calles atestadas de taxis, Van y Vehículos de Carga ,con desplazamientos a veces  interminables, el tener un automóvil se convierte en un despropósito. Los rascacielos son recintos de trabajo, la mayor parte de la gente vive en edificios viejos, sin lujos, los espacios abiertos son muy valorados, los niños abundan por su escasez igual que las mascotas, es una ciudad de transeúntes.

Sigo buscando la Humanidad perdida, me refiero al rasgo espiritual e íntimo de ella, no a la civilización, que si está muy bien representada en esa urbe gigante. Hay civilización pero no humanidad, luego leo ¿existe civilización sin humanidad? Al parecer si existe y lo que antes era una contradicción hoy es una realidad que no es más ni es menos: la transformación del hombre gregario al hombre unitario, es el triunfo del individualismo sobre el colectivismo, no es mas ni es menos que la involución de la humanidad.

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