miércoles, 20 de octubre de 2010

yo tambien conoci a Jaime Guzman E.

YO TAMBIEN CONOCI A JAIME GUZMAN ERRAZURIZ
(historias propias)




No recuerdo muy bien el nombre
de esa Iglesia que se encuentra en
la Calle Moneda, antes de llegar a
Bandera, lo que si sé, es que muy
antigua, de aquellas donde se solían
enterrar vecinos ilustres, de un
Santiago que se negaba a perder sus aires coloniales.

No lo había vuelto a ver desde los años ochenta, en los cuales ocurre el relato que a continuación pormenorizaré y que sucede en la Universidad, ya de Santiago en esa época y no Técnica del Estado, como se la llamaba cuando me tocó postular el año 1978, a la carrera de Historia y Geografía Económica.

Pasarían pocos meses después de ese encuentro casual, que moriría asesinado por un grupo del Frente Patriótico Manuel Rodriguez, el en ese entonces Senador Jaime Guzmán Errázuriz. Recuerdo perfectamente que vestía una Chaqueta de esas blancas, con la insignia del Canal 13, que usaban los comentaristas deportivos de ese canal durante muchos años, me imagino que Guzmán iría o vendría del Canal cuando me lo topé sentado en la última Banca de esa Capilla escondida en el centro de Santiago y de la cual, al parecer, era un habitué, pues en un par de ocasiones anteriores, también me tocó verlo en ese mismo lugar rezando devotamente el rosario, que deslizaba entre sus manos, .

No es mi vocación de católico no plenamente comprometido la que me ha llevado desde muy joven a visitar cuanta capilla o iglesia se me cruza en el camino, es más bien mi curiosidad e interés sobre materias de historia de la iglesia y la comodidad que nunca se desprecia, de encontrar en el medio de la ciudad, un lugar apacible, tranquilo y siempre refrigerado para hacer un aro en el transitar dentro de ella. Es una costumbre que he practicado en cuanta ciudad que he visitado en Chile y fuera de este, visitar las iglesias y los cementerios, lugares extraños para algunos, pero no menos interesantes para otros.

Siempre ocupaba esa última banca, dato curioso cuando se repite en una misma persona en más de una oportunidad, debe haber sido por esa premura que siempre rodeaba su jornada diaria, donde era difícil detenerlo por mucho rato, pues la agenda siempre estaba apretada. No me atreví a saludarlo pensando en que no se acordaría de mi, pues después del periplo que les contaré, Guzmán me dio una tarjeta y me invitó a tomar té a su casa, donde se reunía con jóvenes de distintas universidades una vez por semana, invitación a la cual nunca fui.

Lo conocí el año 1984 en una Charla que daba Guzman en la Usach, auspiciada por la Vicerrectoría de Asuntos Estudiantiles, en aquella época en manos de Avanzada Nacional, grupo nacionalista de corta e intrascendente existencia durante los años duros de los ochenta, donde detrás de esa fachada, que tenía por sede la antigua casa de Diego Portales a la salida del Metro Moneda, que hoy ocupa la CUT, había un selecto grupo de miembros de organismos de Inteligencia, muchos de ellos o muertos o encarcelados el día de hoy.

La charla tenía por título “Democracia y Legitimidad” y su principal expositor era Jaime Guzman, que en aquel entonces, representaba al Gremialismo muy potentemente enraizado en UC y que aún no mostraba atisbos de lo que en el futuro se convertiría, la UDI, hoy parte de la coalición de Gobierno.

Soy un apasionado por la historia y más aún por escuchar relatos de ella, por esa sencilla razón este relato que realizó, lo hago para compartir con aquellos que sienten la misma pasión puedan conocer esta anécdota. En esa época veiteañera para mi, los temas políticos eran tremendamente apasionantes, pues cuando ingrese a la UTE a comienzos de esa década, a estudiar una carrera como Historia, la sola palabra política era considerada una herejía que podía significar, a veces para personas sin ninguna definición en particular, terminar expulsado, relegado o desaparecido como ocurrió con muchos conocidos y también compañeros de curso. Recuerdo muy bien que siendo un “cachorro”, como se denominaba a los novatos recién ingresados, me tocó asistir a un desayuno con el rector Jorge O Ryan Balbontín, Brigadier General de Ejército, ex Jefe de Inteligencia Militar y que solía pasearse por los largos corredores de la UTE, cual fuere un Inspector General de un gran Liceo, vistiendo su traje laureado de General y rodeado de escoltas, a los cuales ningún alumno se le hubiera ocurrido enfrentar, era pecado venial estar fuera de una sala de clases, pues si eras sorprendido por el rector general, había que dar explicaciones como un verdadero escolar. El ser humano es de costumbres, hoy me parecería disparatado estar dando explicaciones por no ingresar a clases en la U, en aquella época hasta uno se sentía culpable.

Comenzó su ponencia haciendo un llamado de atención a lo oportuno y juicioso del actuar de las FF AA, cuando el 11 de Septiembre habían tenido el coraje de tomar el control del gobierno del país. Siguió con la ya trillada historia de las reclamaciones de inconstitucionalidad que pesaban sobre la figura de Allende, emanadas por el Congreso, el Poder Judicial, los gremios, los empresarios, los boy scout de Chile, etc., etc. No redundo en esto pues esa es historia conocida hoy por todos, esta en los libros de historia con que nuestros hijos estudian en los colegios, pero, en aquella época, donde nada o casi nada se conocía sobre los sucesos que rodearon el golpe militar, las palabras de Guzman representaban el relato de un testigo viviente de esos acontecimientos; imagínense que aún se discutía si a Allende lo habían matado los militares o se había suicidado. Recuerdo en esa misma época una charla en la misma Usach, donde Aníbal Palma, ex ministro de Educación de Allende y tristemente recordado por el proyecto de la Escuela Nacional Unificada, que nos convertiría a todos en pequeños “pioneritos” como el modelo cubano de instrucción, relataba en una charla como Allende había sido asesinado.

Guzman era un tremendo orador, conocedor de la historia y del derecho, particularmente una eminencia en derecho constitucional- está más que claro que fue el ideólogo de la constitución que hasta el día de hoy nos rige-, es decir, Guzman es como un Egaña o un Portales dentro de la historia de Chile. Para una gran mayoría de nosotros, jóvenes estudiantes de Historia, el develar el velo sobre hechos tan contemporáneos provocaba aún más nuestro interés en la figura de Jaime Guzman, toda vez que en la Biblioteca de la UTE, existían Libros RESERVADOS, es decir que no se podían prestar a los alumnos. Imagínense lo que significaba para alumnos estudiantes de Historia no tener acceso a ningún libro de Karl Marx, sino el mayor, uno de los máximos pensadores contemporáneos. No leer a Marx para entender los procesos políticos y sociales de los siglos XIX y XX, es como no leer a Aristóteles o Platón para comprender la Antigüedad Clásica, independiente que compartiéramos o no su filosofía política y para que hablar de sus libros símbolos como El Manifiesto del Partido Comunista (1848) o el Capital. Me recuerda a Humberto Ecco en el Nombre de la Rosa, con el cuento de los Libros Prohibidos por la inquisición. No sé como nos convertimos en profesores de Historia con tantas dificultades, me tocó leer esos libros prohibidos en fotocopias, de aquellas que se borraban con el roce de los papeles, que circulaban escondidas de mano en mano y que en más de un ocasión hubo que botar mientras corríamos de los Pacos, que más que de cuando en cuando, asaltaban la universidad en busca de terroristas.

Yo que en mi incipiente definición ideológica me acercaba más a una aceptación, no menos crítica del gobierno militar, tenía que arrancar de los propios militares represores, que estaba más que claro, que si me pillaban con una fotocopia del Manifiesto, arrancando por los pasillos del campus, aunque les jurara con cristo enfrente iban a entender que siendo estudiante de Historia debía leer a Marx, Engel, etc. Más de algún compañero de curso, bien definido nacionalista, le tocó estar sentado 10 horas en la comisaría de la calle Ecuador, rogando no ser expulsado. Somos seres de costumbre, lo que en el pasado me parecía normal, a los ojos de hoy sería una abominación.

Seguía Guzman con su retórica acalorada, que era aplaudida por una audiencia no menor, pero que en su mayoría era de alumnos rubiecitos y Rubiecitas, de ojitos claros, que habían llegado la mayoría en autos y que formaban el séquito de Guzman, que cual corte, lo acompañaban a cuanto evento asistiera. En esos años, mi definición política se había relegado a un segundo plano en beneficio de mi vocación docente y de libre pensador, que dado mi alto rendimiento académico, me había permitido convertirme en Ayudante de la Cátedra de Historia de Chile Contemporánea y además de Investigador en Historia Eclesiástica. Bueno, ese entonces Ayudante, con un ego mayor a su altura, tuvo la brillante idea de lucirse frente al ideólogo de régimen, rodeado de unos trescientos fervorosos idólatras de Guzman, que, me imagino que al igual que yo, tenían un vacío histórico (por lo de los libros prohibidos), cualquier crítica al ilustre expositor sería considerado casi un acto de herejía, que exponía a cualquier iluso opositor a una azotaína de aquellas.

Llegado el momento de las preguntas, obviamente que la primera mano en alto era la del presente cronista y también curiosamente la única, pues si bien en las charlas se estila el intercambio de preguntas, en aquella época y con tal expositor, no era costumbre que un mocoso estudiante de historia, con conocimientos incompletos (por lo de los libros prohibidos) hiciera una pregunta relevante a tan distinguido exponente. Creo que fue el propio guzman el que percibió mi mano en alto y me invitó a la testera, pues había un solo micrófono, para que expusiera mi pregunta.

No voy a describir lo que ocurrió en mi organismo y mente en esos momentos, pues tendría que recurrir a un estudio completo de la fisiología humana en casos extremos, solo diré que el arrepentimiento fue el primer sentimiento que me cruzó el cuerpo como una cuchillada samurai. Sin presentarme, le expuse a Guzman lo siguiente: “La constitución del año 1925, establecía que cualquier acto que contraviniera el orden constitucional sería considerado un Acto de Sedición, por lo tanto cuando él exponía como antecedentes del golpe militar la situación del Congreso, los gremios, los Boy Scout., etc. Se olvidaba que la legitimidad del estado de derecho existente estaba dada por esa Constitución, por lo tanto la pregunta era, cual era el papel de la Carta Fundamental en la legitimidad esgrimida por él, en la acción del llamado pronunciamiento militar”. Bueno, creo que la pregunta fue tremendamente clara y así lo entendió Guzman, pero para el 99% de la audiencia restante, que carecía de la formación completa por el tema de los libros prohibidos, mi pregunta se convirtió un acto impropio, una ofensa al relator, una herejía o profanación al régimen, en fin, era como haberle pintado bigotes a una imagen de Alá en una mezquita de Teherán. Lo que siguió al silencio de mi voz fueron unas rechiflas que se acrecentaron casi instantáneamente, seguido de unas voces de unos gorilas que avanzaban a la testera gritando te vamos a sacar, ( no entendí si me iban a sacar del recinto o la cresta), pero tal ajetreo similar al que se provoca en un enjambre violentado, tuvo su momento culmine cuando el ídolo supuestamente ofendido, con esa voz media nasal que tenía, pidió silencio a la audiencia, que se sentaran nuevamente y con pleno control de la escena, me preguntó cual era mi nombre y que carrera estudiaba. Para que decir una cosa por otra, en ese momento mi arrepentimiento inicial se había transformado en pánico escénico y mi mente solo repetía honomatopéyicamente la palabra ¡Gueón, gueón!- Bueno, el pánicos así como nos paraliza nos impulsa a actuar, le respondí a Guzman mi nombre y que era Estudiante de la carrera de Historia.

Los años de circo que tenía Guzman desde muy joven lo hacía actuar como pez en el agua frente a cualquier acto político, por lo cual una rencilla universitaria, era una pulga de quiltro comparado con los cambullones, para ocupar un concepto que todos entendemos, que le había tocado participar en su vida. Continuó, con esa voz nasal y dirigiéndose a mi por mi nombre, me agradeció la pregunta, ensalzó lo inteligente y atingente de ella y como un gran mago que ilusiona a sus espectadores, me convirtió de villano en héroe tan rápido como estos, sacan un Conejo de una Gatera, reconociendo mi valentía en exponer un punto de vista distinto al por él planteado (maestro, genio!, pensaba yo en mi interior), y a partir de ello, se subió nuevamente a su cabalgadura y por casi media hora más, comenzó una nueva charla sobre Legitimidad y Gobierno, que resumo en el siguiente argumento que expuso Guzman ante mi interpelación, dijo: Efectivamente, la constitución del año 25 establecía claramente que era considerado una acto de sedición y efectivamente el pronunciamiento militar, desde ese enfoque, se habría producido frente a un acto de sedición. Continuó- El General Viaux, trató de hacer un levantamiento similar al liderado por el General Pinochet-pero su objetivo fracaso, fue tomado prisionero y efectivamente el delito por el cual fue encausado fue sedición…Entonces dijo Guzman…?donde está Viaux en estos momentos? Y ¿Dónde está el general Pinochet?. Uno en la Cárcel y el otro en la Moneda, la teoría del vencedor, solo se puede acusar de sedición al que pierde en una empresa como un golpe de estado, el victorioso solo la historia lo juzgará…Premonitorio. De ahí se precipitó a la teoría del Jusnaturalismo y del Positivismo en el Derecho y el derecho natural y de Rebelión.

Debo decir que fue mi mejor lección de historia moderna y me permitió definirme políticamente- soy profesor de historia. Trabajo en la empresa privada y voté por Meo en primera vuelta y Piñera en segunda y no sé por quién votaré en las próximas elecciones.-

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