miércoles, 6 de octubre de 2010

Para Donde Va Don Lucho......?

Era común verlo por alguna calle de la comuna, vistiendo siempre de Terno, con chaqué abotonado y ese maletín medio regordete propio de los médicos de antaño, caminando y deteniéndose constantemente a saludar a cuanto transeúnte se le cruzara por el camino, era ese don de gente como diría mi abuela, que  don Lucho, como muchos con cariño le decíamos, ejercitaba diariamente en su diario vivir.
A veces lo veíamos en ese Fíat 125 de color  rojo, que un día, caprichosamente, dejó de partir…?para donde va don Lucho? Me tocó más de una vez preguntarle,( ME IMAGINO COMO MUCHOS ALGUNA VEZ LO HICIERON), al encontrármelo en alguna esquina de ese Maipú ochentero, no tan urbano como el de hoy,¡…a ver un enfermito ¡…contestaba, interesado en saber siempre o tratar de reconocer a quienes lo interpelaban en la calle. De esa pregunta clásica, estaba claro que lo que venía era convertirse en su fiel escudero y acompañarlo donde estaba el "enfermito", que no rara vez reposaba en algún rancherío de la Rinconada de Maipú o en Uno Norte con Vespucio, cuando aún no era Vespuccio y solo un peladero, de esos que ya no existen en Santiago.
Había llegado desde Linares a Santiago no sé cuando, pero estoy seguro que fue cuando Maipú era una pequeña comuna donde nos conocíamos todos, o porque estudiábamos en la Escuela INSA, la Parroquial, el Liceo Maipú, el Trinity College o el Colegio que estaba al Lado de El Castillo, que estaba al lado del Barquito, de mi desaparecido amigo el Willy, que estaba al lado del Banco del Estado, que estaba al lado de la Pompeya de mi amigo entrañable Darío Pavez, que a su vez, estaba al lado de la Fuente de Soda Apolo del señor Pavez, que estaba al lado de la Carnicería Santa Rosa y que finalmente, estaba al lado del Banco de Concepción hoy Corpbanca.
Podría recorrer las calles de Maipú y recordar a cada vecino, casa o villa y reconocer quienes éramos los que habitábamos esta comuna. Bueno, Don Luis Ferrada, era parte de ese paisaje urbano-rural, que era Maipú en la segunda mitad de siglo pasado.
Decía que había llegado desde Linares en la primera mitad del siglo pasado, nunca supe porque llegó a Maipú, lo que si sé, es que fue imposible sacarlo de la comuna hasta el día que falleció. Hombre culto, amante de la historia, como sus hijos varones, de las tradiciones sencillas, profesor de anatomía por siempre de la U de Chile y del Laboratorio Chile, donde trabajó hasta avanzada edad.
Tuve la suerte de conocerlo, como también a parte de su numerosa familia y de su señora esposa Luz Valenzuela, una mujer de gran carácter, pero de la misma bondad que su marido: estaban construidos del mismo material. Y estoy cierto de la tremenda pena que están viviendo por la muerte del doctor, pero con la tranquilidad del haber transitado en este mundo en una vida plena.
Descendiente directo de Benjamín Vicuña Mackenna y por lo tanto, perteneciente al mismo linaje de los próceres de la patria, era un héroe para muchos y un ángel para otros. Cirujano del Cuerpo de Bomberos de Maipú, que lo acompañaron hasta el Templo Votivo, donde se le rindió el justo homenaje a un hombre ilustre de la comuna. No es común ver en el Santuario ceremonias fúnebres, pero don Lucho se la merecía y más.
Héroe es quién se da por los demás y ángel quién nos protege, bueno eso era el doctor, para un enorme número de Maipucinos y especialmente, para aquellos de siempre de la comuna. Los hombres como don Lucho nunca sobras, por el contrario, son los que nos entregan día a día, el sentido de humanidad tan perdido en este mundo centrado en el dinero y las cosas; no era raro que no cobrara por la visita médica o por quién llegara a su tradicional consulta en su propio hogar, ni menos aún que quienes les cuesta recibir algo gratis, pagaran con saco de papas o un canasto de frutas la factura médica, así era don lucho, un doctor de pueblo, un hombre entregado a los demás un ser humano, en toda la magnitud que tal vez Dios pensó en sus criaturas.-
El legado del Doctor ojala perdure para siempre en esta comuna, que se dice cuna de tradiciones, pero que cada vez más se notan escasas. Su numerosa prole, de hombres y mujeres y decenas de nietos, estoy cierto perseverarán en el espíritu, rectitud y valor de su gran abuelo, lo más probable, que sus descendientes no vuelvan más a Maipú, el Doctor era el cable que los ataba a esta tierra, pero su recuerdo, se mantendrá por siempre en ella, otrora comuna pobre y rural, que ha sido devorada por la urbanización de la metrópolis. Los Maipucinos ya "no vamos a Santiago", ya somos de Santiago.

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